¿De qué temores me hablan?  | EL MERCURIO

Señor director:

Ikea, la multinacional líder en el mundo en decoración y artículos para el hogar, elige a Chile para su desembarco en Sudamérica con la apertura de su primera multitienda en los próximos días. Amazon anuncia que iniciará los trámites para la instalación de un data center en un terreno de 17 hectáreas en Puente Alto, con más de US$200 millones de presupuesto. Se estima que la inversión extranjera directa en Chile suma más de US$9.600 millones solo en este primer semestre.

Esto demuestra que seguimos siendo un país seguro para invertir, pues los proyectos antes mencionados se realizan con meses y años de anticipación, y conociendo la realidad social y política de Chile. Si los inversionistas extranjeros no se asustaron con convencionales disfrazados, en la ducha o profiriendo garabatos a sus colegas, ¿a qué le temen los empresarios locales que anuncian por los medios que se van con sus patrimonios a otro país si gana el Apruebo?

Paulina Ibarra A.
Directora Ejecutiva
Fundación Multitudes

Chile en la mira internacional | Cooperativa

Por Paulina Ibarra, directora ejecutiva Fundación Multitudes

Hace pocos días fuimos testigos de una verdadera pugna entre dos grandes medios de comunicación de importante prestigio internacional. Por un lado, el Wall Street Journal advirtió en un artículo que, de aprobarse, la nueva Constitución puede “destruir la economía y la democracia” de nuestro país. Pocos días después, un columnista del periódico inglés “The Guardian”, respondiéndole a su par norteamericano, asegura que la propuesta constitucional “actualiza, expande y progresa los derechos fundamentales”, y llama a Estados Unidos a seguir el ejemplo chileno.  

Más allá de la polaridad de las opiniones, y que no está muy lejos del debate que hoy vivimos en la prensa local, hay un interés inusitado al proceso constitucional chileno y que ha despertado, para bien o para mal, la atención extranjera. Sin ir más lejos, por razones profesionales y familiares, me encuentro en estos días en Washington, lugar donde residí durante 15 años, y en mi encuentro con antiguos amigos, además de las cosas triviales de la vida, lo primero que me preguntan es acerca del proceso constitucional.

Lo primero que les digo, y es bueno reiterarlo acá, esta es la primera Constitución en el mundo que se escribe de manera paritaria, y ese en sí ya es un valor diferenciador de decenas de procesos constituyentes que se han vivido a lo largo de la historia mundial. A esto hay que sumar la representatividad que tuvo nuestra Convención, que integró escaños reservados para pueblos originarios y que tuvo una alta presencia de integrantes ajenos a las maquinarias partidistas y a la élite social y política que manejó los hilos de nuestra democracia en las últimas tres décadas.

Esto último, que tal vez no es tan novedoso en otros países que vivieron procesos constituyentes, para Chile fue un tremendo avance democrático, pues mantenemos aún heridas y saldos pendientes de lo que fue la dictadura cívico-militar, y vivíamos en una sociedad que, aparentemente, no estaba interesada en el devenir político y social, con escasa formación cívica, lo que fue opacado por la alta participación electoral que tuvimos en el plebiscito de entrada.

Todo lo anterior son elementos que nos convierten en un espécimen raro y digno de analizar por especialistas, politólogos y medios internacionales. Seremos un país pequeño, pero estar bajo el escrutinio de otros países no es algo nuevo. Algo similar, guardando las proporciones, fue la vía chilena al socialismo, con Salvador Allende y su gobierno de Unidad Popular, o incluso el Plebiscito del ’88 y todo el periodo de transición pacífica ocurrido después (con todos sus bemoles, que no son menester señalar acá).

Ahora bien, podemos tener divergencias sobre el trabajo de la Constituyente, y será la historia la que juzgará qué tan bien o tan mal estuvo este proceso, pero el ejercicio democrático que se vivió en los 12 meses que duró la Convención marcó un hito indeleble en nuestro currículum democrático y de eso dan cuenta quienes, desde el extranjero, están pendientes de lo que pueda ocurrir en cuatro semanas más.

En este sentido, la segunda gran pregunta que me hacen acá en Estados Unidos es qué va a pasar el 05 de septiembre, porque, convengamos, la tensión ha ido in crescendo y no se ven posiciones conciliadoras. Gane la opción que gane en el plebiscito de salida, nuestra endeble democracia vivirá una nueva prueba de fuego, porque deberá existir un acuerdo amplio para mejorar lo que haya que mejorar del texto propuesto, o llamar a un nuevo proceso que dé cumplimiento al mandato ciudadano expresado en el referéndum de entrada, que dio por muerta la Constitución del ’80.

Pero más allá de esas consideraciones, y así lo han dicho las encuestas, la opción Apruebo es la que da más seguridad de paz social, y por tanto sobre esa base se deben construir los acuerdos de implementación desde el Congreso. Por nuestra parte, abogaremos porque así sea, pues debemos demostrar al país, y también a la mirada internacional, que somos capaces de culminar un proceso que, pese a sus ripios y una desatada campaña de desinformación, es lo mejor que le pudo pasar al país en las últimas décadas.

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