Señor director:*
¿Qué está permitido pedir en virtud de la amistad? ¿Hasta dónde “ser buena onda” implica retorcer normas jurídicas y éticas? ¿Qué pasa contigo en Chile si no tienes amigos influyentes?
El tráfico de influencias consiste en influir en una persona funcionaria pública o autoridad con la finalidad de obtener favores o un trato preferencial, es decir, una ganancia particular. Es una práctica ilegal y éticamente objetable.
Pero para la élite es algo normal. Es esa cultura del mal que permea ciertos círculos de la sociedad, donde por el sólo hecho de ser amigos, pertenecer o tener conexiones, las influencias son una herramienta válida para crecer profesionalmente o mantener el estatus social. Es esa cultura del mal la que debemos combatir. Para ello, la educación cívica y la construcción de ciudadanía son fundamentales, pues abonan al entendimiento del principio de probidad y su ámbito de aplicación en la estructura del Estado.
Debemos educar y capacitar en la “cosa pública”, para hacer posible un cambio cultural donde se identifique y rechace -de plano- el ejercicio de influencias ilegítimas. La corrupción es algo que mina nuestras instituciones, pero la ignorancia profundiza los daños y dificulta encontrar un remedio adecuado a sus males.
Álvaro Castañón Cuevas.
Director Fundación Multitudes.
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*Publicada originalmente como carta al director en La Segunda, en la edición del 11 de octubre de 2024.

