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Paulina Ibarra comparte su opinión sobre la Gobernanza Digital

Paulina Ibarra
Paulina Ibarra comparte su opinión sobre la Gobernanza Digital

Paulina Ibarra comparte su opinión sobre la Gobernanza Digital

Por Paulina Ibarra A., directora ejecutiva Fundación Multitudes

 

Hace pocos días, UNESCO convocó a medio centenar de centros de estudios y expertos en plataformas digitales de los cinco continentes para lanzar la Red Global de Conocimiento Internet for Trust (I4T), con el fin de avanzar hacia una gobernanza en materias de generación de contenidos, con especial énfasis en la desinformación y el discurso de odio online.

 

Tal como señala una nota de prensa difundida por el organismo internacional, este encuentro se da a un año de la cita en que se lanzó oficialmente el I4T y que dio paso para que, durante 2023, se presentara el documento “Directrices para la gobernanza de las plataformas digitales». Ambos eventos tuvieron como objetivo avanzar en la discusión para regular de mejor forma las plataformas digitales, proteger la libertad de expresión y salvaguardar otros derechos humanos.

 

No obstante, mi humilde impresión es que estos denodados esfuerzos llegan tarde y seguirán llegando tarde mientras no exista un compromiso real de los gobiernos y la clase política a nivel global. Los mandatarios de las grandes potencias hoy están más preocupados de la economía global y los conflictos armados, mientras en América Latina las democracias siguen en fragilidad permanente ante el avance de los populismos, por lo que los intereses están lejos del mundo virtual.

 

De hecho, en Chile se creó una comisión contra la desinformación que me tocó integrar, pero el debate político -incluyendo el de algunos medios de comunicación- no fue sobre el fondo del asunto, sino que acerca de una supuesta agenda del Gobierno para controlar a la prensa y aplicar censura a sus detractores. De sus resultados, aparte de quienes fuimos parte de esa instancia, poco o nada se difundió. Menos todavía dejar planteada la idea de una gobernanza digital.

 

Y mientras el debate mundial, regional y local está en otro lado, la inteligencia artificial (IA) ya es capaz de reproducir casi con exactitud voces e imágenes de líderes políticos, con llamados y arengas contrarias a sus habituales discursos, generando confusión entre quienes consumen estos contenidos, viralizados en su mayoría por redes sociales, sin contrapesos ni aclaraciones oportunas.

 

Además, la violencia digital contra las mujeres sigue in crescendo. Tal vez la más conocida es la de la famosa artista Taylor Swift, cuya imagen fue distorsionada para propagar contenido de índole sexual, obligando a redes como X (Twitter) a suspender en su motor de búsqueda todas las solicitudes relacionadas con la cantante, a fin de evitar -de alguna forma- que se siguieran propagando dichas fotografías adulteradas criminalmente.

 

Pero no nos engañemos. No es que la IA actúa en forma autónoma (por lo menos queremos creerlo así), sino que hay personas, sujetos con intereses ideológicos o económicos determinados, que digitan y ordenan crear estos mensajes de odio y fake news, con propósitos no siempre claros, pero cuyo objetivo siempre es el mismo: desinformar, tergiversar, engañar, dañar.

 

Si hacemos un parangón con otra causa de alcance global, podemos mencionar la preservación del medioambiente y el ecosistema, que lleva décadas de discusión y de foros como este que convocó UNESCO, pero que recién en la última década se están tomando algunas acciones de preservación, en gran medida a la luz de las consecuencias que tiene en el clima mundial la inacción de los gobiernos. El daño en muchos casos es irreparable por la lentitud de los Estados en la toma de decisiones.

 

En el caso de la IA, todo es mucho más vertiginoso y las consecuencias de malas decisiones pueden ser demoledoras para los regímenes democráticos sino se actúa pronto. Ya lo hemos dicho en otras oportunidades, nadie busca aplicar censura sobre los contenidos que circulan por Internet, pero no es un misterio que es una amenaza cada vez más latente y peligrosa para los consumidores de este material sin regulación o una mínima gobernanza para una sana convivencia.

 

Ideal sería no llegar tarde de nuevo, pero hoy ni siquiera sabemos si vamos a poder llegar.

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